Se prevé una conversación privada entre ambos líderes, seguida por sesiones con sus equipos diplomáticos.
En un encuentro que podría redefinir el curso del conflicto en Europa del Este, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el mandatario ruso, Vladimir Putin, se dan cita este viernes en la base militar conjunta Elmendorf-Richardson, en Anchorage. Alaska.
La reunión, la primera oficial en suelo estadounidense desde 2007, pretende abrir un canal de diálogo sobre la guerra en Ucrania, aunque las expectativas son cautelosas y la desconfianza por parte de Kiev y sus aliados europeos es clara.
El conversatorio privado entre ambos líderes estará regida por sesiones con sus equipos diplomáticos, en el que, según funcionarios cercanos a la Casa Blanca, se abordaran temas como posibles garantías de seguridad para Ucrania fuera del marco de la OTAN, alivio de sanciones a Rusia y eventuales acuerdos territoriales.

Mediación norteamericana
Trump ha señalado que está dispuesto a explorar fórmulas que incluyan apoyo europeo a dichas garantías, aunque insistió en que cualquier decisión sobre las fronteras ucranianas debe ser tomada por el propio gobierno de Vladímir Zelensky.
No obstante, el presidente ucraniano no participa en esta ronda inicial, lo que ha alimentado recelos en Kiev y entre líderes europeos que temen un pacto que comprometa la soberanía ucraniana.
Los estilos de negociación anticipan un pulso complejo: Trump llega con un enfoque personalista e improvisado, confiando en su habilidad para “leer” a su interlocutor, mientras que Putin, respaldado por años de análisis estratégico y control sobre el terreno, busca consolidar las ganancias obtenidas por Rusia desde el inicio de la invasión en 2022.
Aunque Trump asegura que sabrá “en los primeros minutos” si habrá avances reales, analistas internacionales advierten que sin una coordinación previa con Ucrania y la Unión Europea, cualquier acuerdo podría ser frágil o contraproducente.
El encuentro, seguido de cerca por medios y gobiernos de todo el mundo, marca el inicio de un proceso diplomático cuyo éxito dependerá de la voluntad real de ambas potencias de frenar la escalada militar.






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