Las remesas familiares crecieron 8.4 % en los dos primeros meses de 2026, acumulando 1,524.78 millones de dólares entre enero y febrero, según el Banco Central de Reserva (BCR).
El dato no es aislado: en 2025, el flujo anual alcanzó casi 10,000 millones de dólares con un crecimiento del 17.7 %. El Salvador sigue siendo uno de los países más dependientes de este flujo en el mundo. Y esa dependencia hoy convive con una amenaza concreta: las nuevas discusiones sobre legislación migratoria en Estados Unidos, origen del 92 % de esas transferencias.

¿Qué pasó? Los números que el BCR publicó en abril de 2026
El Banco Central de Reserva registró en enero de 2026 un ingreso de 759.45 millones de dólares por concepto de remesas familiares. Fue el mes de enero con mayor flujo en la historia del país. En febrero se recibieron 765.33 millones más, completando un total de 1,524.78 millones entre los dos primeros meses del año, un alza del 8.4 % respecto al mismo período de 2025.
El contexto de ese crecimiento viene desde el año anterior. En 2025, El Salvador recibió un flujo anual de remesas de aproximadamente 9,987.9 millones de dólares, lo que representó un crecimiento del 17.7 % frente a 2024 y consolidó esas transferencias como la principal fuente de divisas del país, por encima de exportaciones, inversión extranjera directa y turismo.
Por qué importa: el 24 % del PIB que viene del exterior
Las remesas representan aproximadamente el 24 % del Producto Interno Bruto de El Salvador. Eso no es solo un porcentaje estadístico: significa que una de cada cuatro unidades de riqueza que circulan en la economía salvadoreña no se genera dentro del país, sino que llega desde comunidades de emigrantes, con el 92 % proveniente de Estados Unidos.
Según datos del BCR, en enero de 2026 los salvadoreños residentes en territorio estadounidense enviaron 698.6 millones de dólares, un incremento del 11.8 % frente a enero de 2025. Esta concentración geográfica tiene un lado positivo —el crecimiento del ingreso y el empleo en EE.UU. se traduce casi de inmediato en más divisas para El Salvador— y uno negativo: cualquier cambio de política migratoria o laboral en EE.UU. afecta directamente la economía salvadoreña.
A quién afecta: 1.57 millones de receptores directos
De acuerdo con cifras del BCR y estudios complementarios, 1.57 millones de personas en El Salvador reciben remesas de manera directa. Si se considera el efecto multiplicador en los hogares y el consumo local, el alcance real es mayor. Las remesas financian consumo básico, educación, salud y vivienda en miles de familias cuyo ingreso principal proviene de un familiar en el exterior.
Para el sistema financiero local, este flujo también es determinante. La banca, las cooperativas y las empresas de servicios de pago procesan y distribuyen estos fondos. El crecimiento del volumen de remesas en 2025 y 2026 ha impulsado la innovación en medios de pago digitales y la competencia entre operadores para reducir comisiones y tiempos de transferencia.
El riesgo: las leyes migratorias de EE.UU. en el horizonte
A inicios de 2026 circularon advertencias sobre posibles cambios legislativos en Estados Unidos que podrían afectar el flujo de remesas hacia Centroamérica. Aunque al cierre de esta nota no se han implementado medidas concretas, el 92 % de dependencia de EE.UU. como origen de las remesas salvadoreñas convierte cualquier reforma migratoria o fiscal estadounidense en un factor de riesgo macroeconómico de primer orden.
Un escenario de menor flujo de remesas —ya sea por deportaciones masivas, restricciones a envíos de dinero o mayor presión fiscal sobre las transferencias internacionales— tendría un impacto directo en el consumo privado, en la estabilidad del tipo de cambio efectivo y en la reducción de pobreza que El Salvador ha logrado en los últimos años: 262,405 personas salieron de la pobreza en 2025, una tendencia que en parte se sostiene con el flujo de remesas.
Conclusión: el activo más grande de la economía salvadoreña tiene una dirección postal en EE.UU.
Las remesas son el activo macroeconómico más grande de El Salvador y, a la vez, el más fuera del control del gobierno y la política económica doméstica. El récord de inicios de 2026 es una buena noticia financiera; la concentración del 92 % en un solo país de origen es una vulnerabilidad estructural que no desaparece con ningún decreto local.
El Observatorio Financiero seguirá el dato mensual del BCR para rastrear si el crecimiento del 8.4 % registrado en los primeros meses de 2026 se sostiene, se acelera o comienza a mostrar señales de desaceleración ante el entorno legislativo en EE.UU.





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