El Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó su actualización de proyecciones para América Latina en abril de 2026 y colocó a El Salvador con una tasa de crecimiento del 3.3 % para el presente año. La cifra, aunque moderada respecto a sus vecinos centroamericanos, representa una consolidación del ciclo expansivo que el país mantiene desde 2021, y se sostiene principalmente en tres pilares: la inversión privada, las remesas familiares y el dinamismo del consumo interno.

Las proyecciones en perspectiva

No es solo el FMI quien apuesta por el crecimiento salvadoreño. El Banco Central de Reserva (BCR) estima que la economía podría expandirse entre el 3 % y el 3.5 %, mientras que el Consejo Monetario Centroamericano maneja una proyección del 3 % y la ONU situúa la cifra en 3.4 %. Las divergencias son mínimas, lo que refuerza el consenso entre organismos internacionales: El Salvador mantiene un rumbo estable.
El matiz importante lo pone el propio FMI: con esa tasa, El Salvador quedaría por debajo del promedio centroamericano en 2026 y solo superaría a Belice en la región. La lectura no es catastrofista, sino que subraya una brecha estructural que el país deberá cerrar para alcanzar el dinamismo de Guatemala, Honduras o Panamá.

Los indicadores que respaldan el optimismo

Más allá de las proyecciones, los datos del primer trimestre de 2026 confirman que la economía arranca el año con inercia positiva. El índice de actividad económica registró un alza del 5 % en enero, la producción industrial creció un 6.4 % y las exportaciones de bienes acumulan una expansión del 3.3 % a febrero. En el frente fiscal, la recaudación tributaria avanzó un 5.8 %, con el IVA como componente más dinámico al crecer un 7.1 %.

Table showing economic indicators and their year-over-year percentage variations for early 2026, including economic activity index +5.0%, industrial production +6.4%, goods exports +3.3%, tax collection +5.8%, VAT +7.1%, and family remittances +8.4% equivalent to USD 1,524 million

Las remesas: el eje de la demanda interna

Las remesas siguen siendo el gran amortiguador de la economía salvadoreña. A febrero de 2026 ya superaban los USD 1,524 millones, con un crecimiento interanual del 8.4 %. Estos flujos sostienen el consumo de los hogares, impulsan el sector comercio y alimentan la recaudación del IVA. Su impacto va más allá del dato macroeconómico: en muchas comunidades rurales, las remesas son la principal fuente de ingresos y el motor real de la demanda local.

Inversión privada: el motor que más importa

El gran diferenciador de 2026 es el papel del sector privado. El portafolio de proyectos en ejecución supera los USD 9,000 millones, según datos compilados por el BCR. Esta cifra incluye obras de infraestructura de gran escala que, además de generar empleo directo, potencian la conectividad y la competitividad del país.
Proyectos de infraestructura emblemáticos
Entre las obras que jalonan el crecimiento se destacan:
• Aeropuerto del Pacífico: nuevo terminal internacional que busca diversificar la conectividad aérea del país.
• Estadio Nacional de El Salvador: megaproyecto deportivo con potencial de impacto turístico y comercial.
• Viaducto Morozán: mejora vial estratégica para la integración logística regional.
• Metrocable: sistema de transporte urbano que podría transformar la movilidad en el Área Metropolitana de San Salvador.
• Plan “Dos Escuelas por Día”: programa de infraestructura educativa con ritmo de ejecución agresivo.
La combinación de grandes obras de infraestructura con inversión privada en sector productivo genera efectos multiplicadores que el FMI y el BCR ya incorporan en sus modelos de proyección.

El reto: escalar el crecimiento

El crédito hay que acompañarlo con honestidad: el 3.3 % no es suficiente para el nivel de desarrollo al que El Salvador aspira. Países como Guatemala (4.2 %), Panamá (4.8 %) y República Dominicana (5.0 %) crecen a ritmos que amplían la brecha. Para cerrarla, los economistas apuntan a la necesidad de mayor diversificación exportadora, mejora del clima de inversiones para la mediana empresa, y una agenda de formalización que permita que más salvadoreños participen del crecimiento formal.

Conclusión

Las proyecciones del FMI para El Salvador en 2026 confirman una economía estable, con fundamentos sólidos y una agenda de inversión ambiciosa. La tasa del 3.3 % es un piso positivo que podría ampliarse si la ejecución de los proyectos de infraestructura se mantiene al ritmo programado y si las condiciones del entorno global no generan turbulencias adicionales. El desafío pendiente es convertir ese crecimiento en bienestar más amplio y en una competitividad que permita al país cerrar la brecha con sus vecinos de mayor dinamismo.

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