El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que el crecimiento económico de El Salvador alcanzará el 3.3 % en 2026, una proyección que coincide con la del Banco Central de Reserva (BCR), que ubica el rango entre 3 % y 3.5 %. Los números del primer trimestre refuerzan el optimismo: el índice de actividad económica creció un 5 % en enero, la producción industrial avanzó un 6.4 % y el consumo de cemento —indicador proxy de la construcción— se expandió un 11.7 %.
¿Qué proyectó exactamente el FMI para El Salvador?
En su actualización de abril de 2026, el FMI ratificó la proyección del 3.3 % de crecimiento del PIB para El Salvador, en el contexto de un escenario global que el organismo califica de “complejo”: la economía mundial crecerá solo un 3.1 % en 2026, afectada por las tensiones en Medio Oriente y una inflación global proyectada en 4.4 %, que podría escalar hasta el 5.4 % si los conflictos se intensifican.
Para El Salvador, el crecimiento proyectado es positivo en términos absolutos, aunque se ubica en el tercio inferior de la tabla centroamericana. Guatemala encabeza la región con 3.9 %, seguida de Nicaragua y Panamá con 3.8 % cada uno, y Costa Rica con 3.6 %. El Salvador comparte el 3.3 % con Honduras, mientras solo Belice queda por debajo, con 2.19 %.
Los motores del crecimiento en 2026
Inversión privada: más de USD 9,000 millones en juego
El principal motor del crecimiento en 2026 es la inversión privada. Según datos del BCR, existe una cartera de proyectos en ejecución superior a USD 9,000 millones concentrados en construcción, servicios y comercio. El crédito al sector privado creció un 8.1 % en marzo de 2026, señal de que la banca sigue apostando por la economía local. La inversión pública también suma: al cierre de febrero de 2026 se habían ejecutado USD 144.3 millones, un 179.2 % más que en el mismo mes de 2025.
Turismo en alza: 1.3 millones de visitantes en el primer trimestre
El sector turístico registra uno de sus mejores desempeños históricos. Entre enero y marzo de 2026 llegaron a El Salvador 1.3 millones de visitantes internacionales, lo que representa un crecimiento del 34 % frente al mismo periodo de 2025. Si la tendencia se mantiene, el país podría cerrar el año cerca de los 4.2 millones de turistas que proyecta el Gobierno, lo cual tendría un impacto directo sobre hotelería, restaurantes, transporte y comercio.
Remesas y consumo: el piso que sostiene la demanda interna
Las remesas siguen siendo un pilar estructural de la economía salvadoreña. De enero a febrero de 2026 ingresaron USD 1,524.8 millones, un 8.4 % más que en el mismo periodo del año anterior. Este flujo de divisas beneficia directamente al 26 % de los hogares del país y sostiene el consumo privado, que continúa siendo uno de los componentes más estábles del PIB. Las exportaciones de bienes también aportaron, con un crecimiento del 3.3 % hasta febrero, mientras la recaudación tributaria avanzó un 5.8 %.
¿Cómo está El Salvador frente a sus vecinos centroamericanos?
Dentro del mapa regional, El Salvador muestra solidez, aunque no lidera la tabla. Guatemala, Panamá y Nicaragua presentan proyecciones superiores, impulsadas en parte por factores específicos: el boom de la maquila guatemalteca, la expansión del canal panamingüeo y el crecimiento exportador nicaragüense. La ventaja comparativa de El Salvador radica en la estabilidad macróeconómica, la mejora de las condiciones de seguridad y la expansión de la infraestructura turística.
La CEPAL, por su parte, elevó su propia proyección para El Salvador al 3.4 %, ligeramente por encima del FMI, lo que refleja cierto consenso entre los organismos multilaterales sobre las perspectivas del país.
Los riesgos que podrían alterar la proyección
El FMI advierte que El Salvador, como economía importadora de energía, es vulnerable al alza de los precios de las materias primas. Si la inflación global escala hasta el 5.4 % por agudización de conflictos internacionales, el poder adquisitivo de las familias salvadoreñas se reduciría y el consumo privado —uno de los pilares del crecimiento— se contraería. A esto se suma la dependencia estructural de las remesas provenientes de Estados Unidos: cualquier desaceleración de la economía norteamericana o endurecimiento migratorio podría afectar ese flujo.
El contexto político-comercial internacional también genera incertidumbre. La política arancelaria de la administración Trump a lo largo de 2025 y 2026 ha impuesto presiones sobre las exportaciones centroamericanas, y aunque El Salvador ha mantenido una relación pragmática con Washington, las tensiones comerciales globales representan un riesgo latente.
Conclusión
El Salvador entra al segundo trimestre de 2026 con fundamentos económicos sólidos: inversión privada en expansión, turismo en récord histórico y remesas crecientes. La proyección del FMI del 3.3 % no es un número espectacular, pero sí es un indicador de resiliencia en un entorno global convulso. Los riesgos externos existen y son reales, pero la combinación de consumo interno sostenido e inversión privada activa sitúa al país en una posición mejor que la de muchas economías emergentes.






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