El déficit fiscal de El Salvador se redujo del 2.5% al 0.5% del PIB entre 2024 y 2025. No es un rumor ni una proyección optimista: es la cifra que la firma financiera británica EMFI publicó en su análisis de junio de 2026, con base en datos del Ministerio de Hacienda y el Banco Central de Reserva (BCR).
En términos absolutos, la brecha entre lo que el gobierno gasta y lo que recauda se contrajo de forma notable en un solo año. Eso no sucede por inercia; requiere decisiones concretas de política fiscal.
Los números que respaldan la mejora
Los datos clave que configuran este panorama son los siguientes: el déficit fiscal pasó de 2.5% a 0.5% del PIB; las reservas internacionales alcanzaron USD 5,106 millones, el nivel más alto desde 2019; el crecimiento económico proyectado para 2026 se ubica entre 3.0% y 3.3%, según EMFI y el FMI respectivamente; y la inflación se revisó al alza, de 1.4% a 2.4% para 2026.
Ese conjunto de indicadores dibuja un escenario de consolidación moderada: mejor posición fiscal, más reservas, pero con presiones inflacionarias crecientes y proyecciones de crecimiento que se ajustaron ligeramente a la baja.
El papel del aumento en ingresos y la reducción del gasto corriente
Según el informe de EMFI, la mejora fiscal respondió principalmente a dos factores: un aumento en la recaudación tributaria y una reducción del gasto corriente, con recortes específicos en transferencias y consumo del gobierno.
Esta combinación es la más difícil de lograr en política fiscal porque implica hacer más con menos. Reducir transferencias tiene costos políticos. Aumentar ingresos sin subir impuestos requiere ampliar la base tributaria o mejorar la eficiencia de la recaudación. El Salvador logró avanzar en ambos frentes durante 2025.
Por qué importa este ajuste fiscal
Una reducción del déficit de esta magnitud no es solo un indicador contable. Tiene consecuencias directas en tres dimensiones: la percepción de riesgo país, el costo de financiamiento externo y la capacidad del gobierno para responder a eventualidades.
Reservas internacionales en máximos históricos recientes
Que El Salvador tenga USD 5,106 millones en reservas equivale a aproximadamente 3.3 meses de importaciones, según estimaciones de analistas. Para un país dolarizado, las reservas cumplen una función de estabilizador de último recurso, ya que el gobierno no puede emitir moneda propia.
Ese colchón financiero es hoy uno de los activos más visibles de la gestión económica y un factor que las calificadoras de riesgo consideran al evaluar la deuda soberana del país.
Lo que significa para inversionistas y calificadoras de riesgo
Un déficit fiscal bajo y reservas en crecimiento mejoran la narrativa de país ante potenciales inversionistas y agencias como Fitch, Moody’s o S&P. No garantizan una mejora inmediata en la calificación soberana, pero sí reducen la probabilidad de una degradación.
Para empresas con operaciones en El Salvador o que evalúan expandirse al país, la señal es relevante: menor riesgo macroeconómico de corto plazo.
Qué retos enfrenta El Salvador en 2026
La mejora fiscal es real, pero no resuelve todos los problemas estructurales. Tres factores concentran la atención de los analistas para lo que resta del año.
Deuda previsional: la carga estructural que persiste
El sistema de pensiones sigue siendo el talón de Aquiles de las finanzas públicas salvadoreñas. La deuda previsional alcanzó el equivalente al 30.6% del PIB en 2025. Eso significa que cualquier avance en el déficit del gobierno central coexiste con una obligación de largo plazo que no desaparece con ajustes de corto plazo.
Mientras esa deuda no tenga un esquema de financiamiento sostenible, seguirá siendo una fuente de vulnerabilidad fiscal.
Aranceles de EE. UU. y riesgo comercial
En junio de 2026, Estados Unidos mantiene investigaciones bajo la Sección 301 que podrían derivar en aranceles adicionales del 10% o 12.5% sobre productos salvadoreños, vinculados a alegatos sobre controles insuficientes a la importación de bienes producidos con trabajo forzoso. Si esos aranceles se materializan, el impacto sobre exportaciones y remesas indirectas podría ser significativo.
Inflación al alza y revisión a la baja del crecimiento
EMFI revisó hacia arriba la proyección de inflación para 2026 —de 1.4% a 2.4%— y hacia abajo la del crecimiento, de 3.2% a 3.0%. Aunque siguen siendo cifras manejables, la convergencia de mayor inflación y menor crecimiento es la combinación menos favorable para el poder adquisitivo y la demanda interna.
Perspectivas y preguntas que los analistas hacen ahora
El segundo año de gobierno de Nayib Bukele, que comenzó el 1 de junio de 2024, arranca con indicadores macroeconómicos positivos pero con una agenda pendiente en materia fiscal estructural. El acuerdo con el FMI, firmado en diciembre de 2025, impone condicionalidades que el país deberá cumplir a lo largo de 2026.
Las preguntas que circulan entre analistas son concretas: ¿puede el gobierno mantener el ajuste fiscal sin sacrificar inversión pública? ¿Hay espacio para mejorar la calificación de riesgo soberano este año? ¿Cómo evoluciona la negociación con EE. UU. en materia arancelaria?
Las respuestas a esas preguntas definirán si la mejora de 2025 fue un punto de inflexión real o un paréntesis en una tendencia de fragilidad fiscal de más largo plazo.






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