En los mercados populares de Ciudad de Guatemala, en los talleres de confección de San Salvador, en los negocios de agroturismo de la zona norte de Costa Rica y en las panaderías y tiendas de abarrotes que salpican los municipios de Honduras y Nicaragua, hay miles de mujeres que dirigen sus propios negocios con una mezcla de ingenio, resiliencia y recursos escasos. Muchas de ellas han levantado empresas familiares sin nunca haber accedido a un crédito formal. No porque no lo merezcan ni porque sus negocios no sean viables: sino porque el sistema financiero tradicional ha tenido barreras estructurales —algunas explícitas, muchas implícitas— que han hecho más difícil para las mujeres acceder al financiamiento que necesitan para crecer.
La brecha de género en el acceso al crédito: los datos detrás del problema
Los estudios del Banco Interamericano de Desarrollo y del Banco Mundial revelan una brecha persistente: en América Latina y el Caribe, las empresas lideradas por mujeres tienen entre un 10 % y un 15 % menos de probabilidades de obtener un crédito bancario que las dirigidas por hombres con características similares de negocio y solvencia. En Centroamérica, donde los roles de género tradicionales son más pronunciados y donde la economía informal absorbe a una proporción alta de mujeres trabajadoras, esta brecha puede ser aún mayor.
Las razones son múltiples. Las mujeres emprendedoras centroamericanas tienen, en promedio, menos activos registrados a su nombre para ofrecer como garantía —porque históricamente las propiedades se han titulado a nombre de los hombres en las familias—. Tienen historiales crediticios más cortos, porque entraron más tarde al sistema financiero formal. Y con frecuencia operan en sectores de la economía —comercio minorista, servicios domésticos, artesanía— que los bancos tradicionalmente han considerado de mayor riesgo o menor rentabilidad.
El programa Protagonistas de Banco Promerica: un ecosistema para emprendedoras
Reconocer el problema no basta: el cambio requiere productos y programas diseñados específicamente para las necesidades de las mujeres empresarias. Banco Promerica desarrolló el programa Protagonistas, un ecosistema integral orientado a acompañar a mujeres emprendedoras y empresarias más allá del simple otorgamiento de un crédito.
El programa combina herramientas financieras adaptadas —con requisitos de garantía más flexibles y asesoría personalizada en la estructuración de la solicitud de crédito— con capacitación en gestión empresarial, acceso a redes de contactos y visibilidad para los negocios de sus participantes. La lógica es clara: una empresaria que entiende mejor sus finanzas, que está conectada con otras emprendedoras y que tiene acceso a mercados más amplios tiene más probabilidades de pagar su crédito y de crecer, lo que convierte al programa en una inversión rentable tanto para el banco como para la economía.
La iniciativa Adelante Mujeres: ampliando el alcance de la inclusión financiera de género
Dentro del ecosistema de Promerica para mujeres, la iniciativa Adelante Mujeres apunta específicamente a ampliar el acceso a oportunidades financieras para empresas en etapas tempranas, lideradas por mujeres en segmentos de bajos ingresos. Esta iniciativa reconoce que las microempresarias —la vendedora de mercado, la productora artesanal, la proveedora de servicios de cuidado— enfrentan barreras adicionales respecto a las empresarias de segmento medio, y que las soluciones financieras para ellas deben ser aún más accesibles y los procesos aún más simples.
El enfoque es de acompañamiento de largo plazo: no se trata solo de otorgar un microcrédito sino de construir una relación bancaria que permita a la mujer emprendedora ir escalando hacia productos financieros más sofisticados a medida que su negocio crece y su historial crediticio se consolida.
El argumento de negocio detrás de la inclusión financiera de género
Hay un argumento moral para cerrar la brecha de género en el acceso al crédito: las mujeres tienen el mismo derecho que los hombres a acceder a los recursos financieros que necesitan para desarrollar su potencial económico. Pero también hay un argumento de negocio que los bancos no pueden ignorar.
Los estudios de desempeño de cartera muestran consistentemente que los créditos otorgados a mujeres tienen tasas de mora menores que los otorgados a hombres en segmentos comparables. Las mujeres emprendedoras que participan en programas de acompañamiento tienen tasas de supervivencia empresarial más altas. Y el mercado de mujeres empresarias en Centroamérica es enorme y creciente: ignorarlo es dejar sobre la mesa una oportunidad de negocio de primer orden.






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