San Salvador, 10 de abril de 2026. — El flujo neto de Inversión Extranjera Directa (IED) que recibió El Salvador en 2025 ascendió a USD 474.83 millones, según datos divulgados por el Banco Central de Reserva (BCR). La cifra, aunque positiva en términos absolutos, representa una caída del 37.1% frente a los USD 755.79 millones registrados en 2024 y genera preguntas relevantes sobre las condiciones de atracción de capitales del país en un entorno regional e internacional marcado por la incertidumbre.
El retroceso sitúa a El Salvador ante el desafío de explicar, tanto a los mercados como a los inversionistas potenciales, qué factores explican la contracción y qué acciones se están tomando para revertir la tendencia, en particular en un año, 2026, en que el país proyecta un crecimiento del PIB de entre el 3% y el 3.5%.
Los números detrás del retroceso
¿Cuánto captó El Salvador y de dónde vino la inversión?
De los USD 474.83 millones que ingresaron al país como IED en 2025, Panamá se consolidó como el principal origen con USD 187.93 millones, seguido por Estados Unidos con USD 96.62 millones y Honduras con USD 73.1 millones. Este perfil inversor confirma el peso que tiene la integración centroamericana y la diáspora empresarial regional en la estructura de capitales externos que llegan a El Salvador.
El dato de Panamá es especialmente relevante: su liderazgo como fuente de IED responde en parte a la actividad de holdings y estructuras empresariales radicadas en ese país que canalizan inversión hacia El Salvador en sectores inmobiliarios, turísticos y financieros.
¿Qué sectores recibieron la inversión?
El 56% del capital total —equivalente a USD 267.9 millones— se dirigió al sector de servicios turísticos y actividades inmobiliarias, lo que confirma la apuesta del país por el turismo como motor de captación de capitales extranjeros, en línea con proyectos de infraestructura como el Aeropuerto del Pacífico y el desarrollo costero.
En segundo lugar, los servicios financieros y de seguros captaron USD 180.6 millones, representando el 38% de la IED total. Este segmento refleja el interés de grupos financieros regionales en posicionarse en el sistema bancario salvadoreño, que en 2025 mostró un crecimiento en depósitos y en cartera crediticia.
¿Qué explica la caída del 37.1%?
El retroceso de la IED en El Salvador en 2025 no ocurre en un vacío: responde a una combinación de factores estructurales, coyunturales y externos que conviene analizar con cuidado antes de sacar conclusiones simplistas.
El factor de las remesas de utilidades
Un dato que matiza el análisis es que diez grandes empresas con operaciones en El Salvador realizaron pagos a sus accionistas o casas matrices en el exterior por un total acumulado de USD 6,838 millones en 2025, equivalentes al 67% del total de salidas de capital del país. Esto indica que el retroceso no necesariamente refleja una fuga de inversión o una pérdida de confianza, sino en parte la madurez de empresas establecidas que distribuyen utilidades.
El contexto regional e internacional
El Banco Mundial proyectó una desaceleración económica generalizada para Centroamérica en 2026, en un entorno de alta incertidumbre macroeconómica global, tensiones geopolíticas y cambios en las políticas comerciales internacionales, incluyendo el impacto de los aranceles estadounidenses sobre las cadenas de suministro regionales. Estos factores afectan la toma de decisiones de inversión en toda la región, no solo en El Salvador.
La competencia regional por la IED
Costa Rica y Honduras también mostraron desafíos para mantener sus flujos de IED en 2025, y la competencia por atraer capitales en Centroamérica se intensifica en sectores como manufactura, tecnología y turismo. El Salvador enfrenta la necesidad de diferenciarse con propuestas de valor claras: seguridad jurídica, infraestructura, talento humano y conectividad logística.
Lo que la cifra no dice: el potencial activo
A pesar del retroceso en la IED 2025, hay señales que muestran un ecosistema de inversión que no está en colapso. El portafolio de proyectos en ejecución en el sector privado salvadoreño supera los USD 9,000 millones, con iniciativas emblemáticas como el Aeropuerto del Pacífico, el Estadio Nacional, el Viaducto Morazán y el Metrocable, cuyo valor conjunto excede los USD 1,000 millones.
Además, el crecimiento de la economía salvadoreña en cerca del 4% en 2025, junto con la estabilidad cambiaria derivada de la dolarización y la mejora en los indicadores de seguridad, son factores que históricamente inciden positivamente en la percepción de riesgo de los inversionistas externos.
Conclusión: una señal de alerta que exige respuesta estratégica
La caída del 37.1% en la IED de El Salvador en 2025 es una señal de alerta que no debe minimizarse ni dramatizarse. El país sigue atrayendo capitales, los sectores de turismo y servicios financieros muestran dinamismo, y la base inversora se diversifica con presencia creciente de Honduras y Panamá.
Sin embargo, la brecha respecto a 2024 exige una revisión de la estrategia de promoción de inversiones, el fortalecimiento de la seguridad jurídica para el capital extranjero y una comunicación más activa de las oportunidades que el país ofrece en sectores emergentes como tecnología, manufactura avanzada y economía verde.
En un año en que El Salvador proyecta crecer entre el 3% y el 3.5%, recuperar el ritmo de captación de IED no es solo una meta económica: es un termómetro de la confianza internacional en el proyecto de país que se está construyendo.






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