El Fondo Monetario Internacional (FMI) confirmó en julio de 2026 que las negociaciones con El Salvador para completar las revisiones pendientes de su programa de Servicio Ampliado del Fondo (SAF) avanzan «a buen ritmo», según declaraciones del primer subdirector gerente del organismo, Dan Katz. La noticia llega en un momento favorable para la economía salvadoreña: el Producto Interno Bruto (PIB) creció 4.79 % en el primer trimestre del año, impulsado principalmente por la construcción y la explotación de minas y canteras.
Sin embargo, el panorama no es sin matices. El país acumula dos revisiones del programa pendientes —la de septiembre de 2025 y la de marzo de 2026— y sigue sin presentar la reforma al sistema de pensiones, uno de los compromisos clave del acuerdo firmado en diciembre de 2024. Ese incumplimiento es el principal obstáculo para desbloquear los siguientes desembolsos.
Qué pasó: el estado actual del acuerdo
En diciembre de 2024, El Salvador y el FMI firmaron un programa de Servicio Ampliado del Fondo por $1,400 millones de dólares, con el objetivo declarado de «reforzar la sostenibilidad fiscal y externa» del país mediante un plan de consolidación fiscal y medidas para fortalecer las reservas internacionales.
Para julio de 2026, el programa lleva más de 18 meses de implementación y el balance general es positivo según el FMI: «el desempeño del programa ha sido sólido, y la economía ha seguido creciendo mientras se corrigen los desequilibrios macroeconómicos», señaló el organismo en sus comunicaciones más recientes. No obstante, las revisiones de septiembre de 2025 y de marzo de 2026 siguen sin completarse.
La principal causa de los retrasos es la propuesta de reforma al sistema de pensiones, que debía presentarse ante la Asamblea Legislativa a más tardar el 10 de febrero de 2026. El gobierno de Nayib Bukele no la ha remitido al Congreso hasta la fecha, lo que ha frenado el cierre formal de ambas revisiones y, con ello, los desembolsos asociados.
$1,400 M
Monto total del programa FMI–El Salvador firmado en diciembre de 2024
Por qué importa: el contexto macro
El acuerdo con el FMI no es solo una fuente de financiamiento: es, ante todo, una señal para los mercados internacionales. Cuando un país mantiene un programa activo con el Fondo, los bonos soberanos tienden a tener mejor percepción de riesgo y el acceso a deuda externa mejora. Para El Salvador, cuya economía opera dolarizada y no puede emitir moneda, la gestión de reservas y la confianza crediticia son variables especialmente sensibles.
El FMI proyecta un crecimiento del PIB de 3.3 % para 2026, uno de los más bajos de Centroamérica —Guatemala, Honduras y Costa Rica proyectan cifras superiores—. Sin embargo, el primer trimestre ya sorprendió al alza con un 4.79 %, impulsado por la actividad constructora y la minería, sectores que en los últimos años han recibido inversión pública significativa.
Analistas locales señalan que el dato de crecimiento del Q1 podría moderar expectativas negativas, pero adverten que la sostenibilidad del ritmo depende de la resolución de los compromisos pendientes con el FMI y de la evolución del entorno regional, marcado por incertidumbre geopolítica.
El problema de las pensiones
La reforma al sistema previsional salvadoreño es uno de los puntos más espinosos del acuerdo con el FMI. El sistema actual es deficitario: el Estado cubre parte de las pensiones del sistema anterior y garantiza rendimientos mínimos, lo que genera presión fiscal de mediano plazo. El FMI pide una reforma que reduzca ese pasivo contingente.
El gobierno salvadoreño ha evitado pronunciarse con claridad sobre la reforma, y su no presentación formal al Congreso es interpretada por analistas financieros internacionales como una señal de cautela política, dado que cualquier cambio al sistema de pensiones tiene impacto directo en la base de votantes. Firmas financieras como las citadas en medios internacionales estiman que El Salvador podría seguir registrando retrasos en las revisiones durante los próximos meses, a menos que haya un movimiento concreto en ese frente.
A quién afecta el estado del programa
El atraso en las revisiones no tiene consecuencias inmediatas para la población en general, pero sí afecta la percepción de riesgo-país en los mercados de bonos, algo que eventualmente puede encarecer el costo de financiamiento externo. También limita la llegada de desembolsos del propio FMI, que están condicionados a la aprobación de cada revisión.
Para el sector empresarial e inversionistas extranjeros, el estado del acuerdo funciona como termómetro: un programa activo y en cumplimiento genera confianza; los retrasos acumulados generan la percepción opuesta, aunque el FMI haya elegido un lenguaje positivo en sus comunicaciones más recientes.
Posibles implicaciones para el segundo semestre de 2026
Si el gobierno presenta la reforma de pensiones antes de finales del tercer trimestre de 2026, es posible que ambas revisiones pendientes se resuelvan de forma conjunta, desbloqueando los desembolsos correspondientes y normalizando el cronograma del programa. Ese escenario sería visto positivamente por los mercados.
Si los retrasos persisten, El Salvador podría enfrentar una revisión de las condiciones del acuerdo o incluso presiones para negociar una modificación del programa, algo que no representa una crisis inminente pero sí implica un costo reputacional y negociador.
Conclusión
El Salvador se mueve en 2026 entre dos narrativas paralelas: una economía que crece por encima de lo esperado en el primer trimestre y un programa con el FMI que avanza, pero con compromisos incumplidos que no deben minimizarse. La clave está en la reforma de pensiones. Si el gobierno la presenta y el FMI aprueba las revisiones pendientes, la segunda mitad del año podría ser financieramente más sólida. Si no, los retrasos continuarán siendo el punto débil de una macroeconomía que en el resto de sus indicadores muestra señales razonablemente positivas.






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