La economía de El Salvador arrancó 2026 con una señal que pocos esperaban de esa magnitud: el Producto Interno Bruto creció 4.79% en el primer trimestre, según datos oficiales del Banco Central de Reserva (BCR). El PIB alcanzó los $9,261.8 millones entre enero y marzo, un incremento de $604.7 millones frente al mismo período del año anterior. El dato no solo supera las proyecciones, sino que más que duplica el promedio de crecimiento de los primeros trimestres de los últimos 17 años, que se ubicaba en 2.2%.

¿Cuánto creció el PIB de El Salvador en el primer trimestre de 2026?

El BCR confirmó un crecimiento del 4.79% en términos reales durante enero-marzo de 2026. Para entender la dimensión de ese número: en condiciones normales, la economía salvadoreña avanzaba entre 2% y 3.5% en los primeros trimestres de cada año. Alcanzar casi el 5% implica que algo distinto está ocurriendo en la estructura productiva del país.
El PIB llegó a $9,261.8 millones, una cifra que refleja una economía que crece no solo en papel sino en actividad real: obras, movimiento de carga, extracción de minerales, comercio interno.

Los sectores que más empujaron el crecimiento

Construcción: motor principal del trimestre
El sector de la construcción registró un crecimiento del 13.45%, el más alto entre todas las actividades económicas medidas. Esto se explica, en parte, por la inversión pública en infraestructura y por la expansión del mercado inmobiliario privado. Proyectos viales, urbanizaciones y obras civiles del Estado contribuyeron directamente a este desempeño.
Minas y canteras: el sector sorpresa
Con un avance del 11.12%, la explotación de minas y canteras fue el segundo sector con mayor dinamismo. Este crecimiento responde al aumento de la demanda de materiales de construcción, directamente vinculado con el auge del sector anterior. Es una relación simbiótica que explica por qué ambas actividades crecen en paralelo.
Transporte y almacenamiento: tercer lugar
El transporte y almacenamiento creció 7.64%, una señal de que el comercio interno e internacional se mantiene activo. Las remesas familiares —que en 2025 superaron los $8,000 millones— siguen siendo un combustible del consumo y, por ende, de la logística.
En contraste, la agricultura registró una contracción de -0.75%, y la enseñanza cayó -0.26%, lo que muestra que el crecimiento no es uniforme y que algunos sectores siguen bajo presión

Las reservas internacionales superan los $5,000 millones

Paralelamente al dato del PIB, El Salvador cerró julio de 2026 con reservas internacionales netas de $5,097.83 millones, un aumento del 13.6% frente al cierre de 2025. En siete meses, el país acumuló $613.34 millones adicionales en reservas. Es un colchón financiero relevante para una economía dolarizada que no tiene política monetaria propia y depende de sus reservas para absorber choques externos.

Proyecciones para el resto de 2026

Las proyecciones externas son más conservadoras. El Banco Mundial prevé un crecimiento del 3.2% al cierre del año, y la ONU lo estima en 3.4%. Esas cifras siguen siendo positivas, pero por debajo del dato del primer trimestre. La pregunta clave es si el impulso de la construcción y la minería puede sostenerse el resto del año o si se trata de un pico cíclico.
El país también enfrenta el desafío de su deuda pública, que al cierre del primer semestre de 2026 superó los $34,865 millones, con un incremento del 3.12% en seis meses. El crecimiento del PIB ayuda a mejorar los ratios deuda/PIB, pero el ritmo de endeudamiento sigue siendo una variable de vigilancia.

Lo que los datos todavía no muestran

Un crecimiento del 4.8% es una buena noticia macroeconómica, pero no responde preguntas microeconómicas esenciales: ¿en qué medida ese crecimiento se traduce en empleo formal? ¿Cómo afecta a las PYMES que no pertenecen a construcción ni minería? ¿El comercio minorista y la economía informal también crecen?
El Banco Mundial y el FMI han señalado que El Salvador deberá reforzar la disciplina fiscal y mejorar la recaudación tributaria para sostener su programa económico a largo plazo. El crecimiento del primer trimestre es una ventana favorable, pero no resuelve los desafíos estructurales de fondo.
Lo que sí queda claro es que la economía salvadoreña entra al segundo semestre de 2026 con los mejores números de apertura en casi dos décadas. Si los sectores de servicio y consumo logran sumarse al impulso, el país podría superar las proyecciones actuales.

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